Eran dos
Eran dos
Al nacer una hoja fresca y viva desprendida de su rama se dejó caer
sobre su espalda, la bañaron, la vistieron, alimentaron su cuerpo, su mente, su
alma…y la hoja se mantuvo ahí, sobre su espalda sin pesar, sin arder, sin
picar, solo estuvo quieta y verde.
Tal vez un brote haría que en la magia de su silencio compartido
enraizara dentro, y fuera apareciera convertida en una flor sublime y blanca unos instantes,
dando luz y aroma a la vida que sin sentido llevaba sobre la piel también blanca.
Eso nunca ocurrió, la hoja se sentía y acompañaba sus pasos por doquier, la esperanza estaba activa
y lúcida, y aun en soledad esa porfiada fue su compañía, pero ya nadie la veía, nadie la palpaba, nadie
la olia, no habia reflejo…aun así la sentía.
Un día creció…y su espalda se expandió, la sensación de la hoja se
aminoró, y al fin la bella verde desapareció
sin florecer y brotar ni enraizarse jamas.
Ese día cerro sus ojos y quedó pequeña sobre la espalda del mundo que
habia crecido demasiado para poder en él ser vista.
Sin ilusión no hay nada.
La razón no es un motivo ni un motor, solo mueve el mecanismo esperado
y lógico.
El corazón es un musculo, nadie discute esta aseveración.
Las hojas no se posan sobre las espaldas de las niñas, eso es también indiscutible.
El amor es una ilusión y lo comanda la irracionalidad del ser humano,
la razón no puede comprender que algo mueva el motor de la vida, algo como una
simple hoja que danza con el viento y hace emocionar y amar la vida per se.



0 Comments:
Post a Comment
<< Home