Friday, May 17, 2013

Eran dos






Eran dos

Al nacer una hoja fresca y viva desprendida de su rama se dejó caer sobre su espalda, la bañaron, la vistieron, alimentaron su cuerpo, su mente, su alma…y la hoja se mantuvo ahí, sobre su espalda sin pesar, sin arder, sin picar, solo estuvo quieta y verde.
Tal vez un brote haría que en la magia de su silencio compartido enraizara dentro,  y fuera  apareciera convertida en  una flor sublime y blanca unos instantes, dando luz y aroma a la vida que sin sentido llevaba sobre la piel  también blanca.

Eso nunca ocurrió, la hoja se sentía y acompañaba sus  pasos por doquier, la esperanza estaba activa y lúcida, y aun en soledad esa porfiada fue su compañía,  pero ya nadie la veía, nadie la palpaba, nadie la olia, no habia reflejo…aun así la sentía.

Un día creció…y su espalda se expandió, la sensación de la hoja se aminoró, y al fin la bella verde  desapareció sin florecer y brotar ni enraizarse jamas.
Ese día cerro sus ojos y quedó pequeña sobre la espalda del mundo que habia crecido demasiado para poder en él ser vista.

Sin ilusión no hay nada.
La razón no es un motivo ni un motor, solo mueve el mecanismo esperado y lógico.
El corazón es un musculo, nadie discute esta aseveración.
Las hojas no se posan sobre las espaldas de las niñas, eso es también indiscutible.
El amor es una ilusión y lo comanda la irracionalidad del ser humano, la razón no puede comprender que algo mueva el motor de la vida, algo como una simple hoja que danza con el viento y hace emocionar y amar la vida per se.


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