Wednesday, November 01, 2006

Una huella sobre la faz de la luna

Llegar a casa en esos días, dejar los cuadernos sobre el mesón de la cocina y dirigirme directo a su habitación se convirtió en una rutina que quebrada por su ausencia, representó en mis pasos una descoordinación total y lamentable, la prisa por recibir y dar el abrazo, el ansia por compartir los nuevos conocimientos adquiridos, las risas que acompañadas por sabios consejos habían terminado, y solo encontraba una cama vacía, el olor a remedios impregnados en la habitación, sus libros viejos y con polvo que atesoraba como la herencia que me dejaría y ante la cual yo tenia un tremendo desafío.
Leerlos cada uno y sentir su mirada en cada emoción y comprensiva asimilación que surgiera, era la tarea por emprender. Decidí tomarlo con calma, y comenzar por Zaratustra, la razón de peso fue que era su libro favorito de los miles leídos a través de su quijotesca vida, mi padre era un creador, fue y aun es, una huella sobre la faz de la luna que aun brilla en mi alma.

Sin dejar a Zaratustra como mi acompañante seguro hasta hoy...
Gargantua y Pantagruel de Francois Rabelais, fue el segundo que tomé entre mis manos, tuve miedo, ante la cantidad de paginas, ante la magnifica pluma del Francés, y su sostenido éxito a través del tiempo, yo no sabia nada, de grandes escritores y al introducirme en él, descubrí un mundo mágico de gigantes fabulosos e inconcebibles riquezas sacadas de la imaginación de un solo hombre, la risa brotó fácil y mi compañero, padre, amigo, me dejó escuchar su cristalina carcajada que junto a la mía, llenaron el espacio de tonalidades luminosas y felices.

James Joyce con su Ulises, me miraba quieto desde el estante... aun no era su tiempo...

Y Henry Miller con trópico de Cáncer , fue a continuación el desorden de ideas ordenadas que completaron mi mente por semanas, no pude leer mas en esos días, el revoltijo sin respiro que plasmó en su excelente libro me dejó atontada.

“La presencia” de papá sentado a mi lado sobre su cama, tomando mi mano con calidéz como diciendo ten calma, hay libros para asimilar con lentitud, espera y verás...

Libros de historia, de cuentos, de fantasías futuristas, de ciencia, libros decantados por sus enormes ojos que se convirtieron en la esencia de él mismo en mi hogar , y a partir de esta complicidad mas allá de la vida y la muerte, confieso padre querido que aun vives en mi, en esa habitación y en cada pagina de tus libros ahora míos.

*No con la cólera, sino con la risa se mata.
¡Adelante, matemos el espíritu de la pesadez!
He aprendido a andar: desde entonces me dedico a correr.
He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio.
Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mi mismo por debajo de mi, ahora un dios baila por medio de mi.*

Gracias.
*Del espiritu de la pesadez, Asi hablo Zaratustra-Nietszche.