Sunday, February 19, 2006

El Atico





Aburrida de esperar la llegada de la abuela, recordé el ático y el baúl verde...existiría aun en esta casa?

1973- Diciembre- 2

Luego de tres meses transcurridos del bombardeo en la casa de gobierno, aun y a pesar de los comunicados oficiales en que sostenían las fuentes televisivas que el país estaba en calma y que no había que temer, cada noche estaba prohibido transitar por las calles y los chilenos aprendimos a la fuerza a estar en familia, llegar temprano a casa y superar la difícil obligación de estar encerrados, lo digo por mi mas que nada porque mis abuelos no estaban contentos, se sentían presos, condenados por la autoridad a ser ovejas mansas, sin voz y sin voto que definiera su libertad.

Esa noche de diciembre, mi abuela corría por la casa, desesperada, pálida, descontrolada, decía que no podía soportar un día mas así, yo escuchaba su voz hablando a las paredes, rebotando en su pecho sangrante y desesperanzado.
Los caramelos que ella guardaba en el ropero de los espejos, estaban deliciosos, me tenían escondida tras su cama mientras los comía, y el silencio antes quebrantado por sirenas ahora se combinaba con el crujir de envoltorios de frutillas y manjar y limón, yo creía sinceramente que mi abueli no tenia idea de mi presencia en su cuarto, pero esa noche la sentí acercarse con paso firme hacia la puerta, gritando casi afónica, las ráfagas de metralletas sin aparente dirección parecían flotar por doquier, y me tomo del brazo y alzándome como una pluma me metió en el baúl verde metálico que mantenía como un recuerdo de su madre. Escuche la tapa caer sobre mi, y el clic del candado negando no solo la luz, sino la posibilidad de abrirlo.
Una vez mi corazón dejo de intentar salir por mi boca, comencé a escuchar el movimiento en nuestra casa.
¡llegó el abuelo!, siiiiiiii! Es su voz la que escucho, pero esta gritando....
parece que hay mas gentes en la casa! Se escuchaban pasos de gigantes de esos que pisan dejando huellas dolorosas y profundas en la tierra que los recibe temblando.
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Gritos y golpes que parecían bultos cayendo al suelo y ordenes cortas y perentorias, que no entendía, pero ante las cuales sentía una fuerte opresión.

Alrededor de 15 minutos después un silencio total se deslizó por la casa, nada de pasos , ni gritos , ni risas, nada. El abuelo que siempre reía jubiloso, y tenia unos enormes zapatos con los cuales era imposible no escuchar su andar, estaba quieto...raro, muy raro.
Aguce mi oído, a lo lejos escuchaba un sollozo, con un dolor tan hondo que desgarraba mi corazón, comencé a imaginar a la Silvia nuestra vecina llorando por un golpe del marido, o quizás un fantasma que cree que no hay nadie en casa, dicen que los fantasmas solo vienen cuando las casas vacías...quizás era el ánima de mi madre uf. Sentí como abrían el candado, estaba con los ojos llenos de negro así es que la luz me obligo a cerrarlos choqueada, pero el olor del cilantro en sus manos, inundo mi nariz y los sollozos estaban esta vez frente a mi, era mi abuela, me abrazó apretándome contra su voluminoso pecho, blandita ella, olorosita, fuente contenedora y dadora de vida.
Esta vez la mujer temblaba como una niña desprotegida, y repetía una y otra vez “ ya mi niña, todo va a estar bien”, “ya se fueron”, “todo estará bien”, mientras me acunaba entre sus brazos como si fuera un bebé, y sus lagrimas caían copiosamente en mi oreja derecha, (yo pensaba se llenará) y trataba de zafarme para secarla, pero ella me tenia firmemente agarrada, la abueli temblaba, desgarrada, derrotada, herida y muy asustada.
.......
Recuerdo cuando el abuelo se encerraba en el cuarto de los relojes, y tomaba entre sus dedos gordos una herramientas chiquitas, uy me sorprendía la habilidad que había desarrollado con esas manos tan grandes, para desarmar en cien piezas minúsculas un reloj de mecanismo de cuerda. Reparaba los relojes de todos los vecinos, amigos y parientes, a los cuales convencía de confiárselos para un ajuste o aceitado, riendo luego porque el placer radicaba en abrirlos, desarmarlos descubrir sus secretos y cerrarlos, estuvieran buenos o malos , daba igual.
Era un hombre enorme a mis ojos, barrigón y rosado, con su cabello muy blanco y rizado, sus carcajadas estruendosas eran muy, muy contagiosas, yo al escucharlo caía hipnotizada en ataques de risa que me provocaban dolor de estomago, hasta que la severa abuela, nos mandaba a parar la fiesta con la orden del lavado de manos antes de cenar, u otra similar. Entonces partíamos a hurtadillas abuelo y yo hacia la parte trasera del patio, donde hacia mil años estaba estacionado un viejo auto Ford, que nos servia de club, sin ruedas, ni vidrios traseros, menos radio porque tenia las tripas de cables al aire corroídas por la humedad, pero con unos asientos de cuero negro, mullidos y confortables en buen estado para nuestros simples requerimientos, ahí seguíamos la fiesta con cuentos e historias inéditas inventadas en el momento y regaladas uno al otro. “la triste historia del perro que se creía sapo” era mi favorita, llorábamos de la risa, no se si por lo triste, por el perro o por el sapo, en realidad creo que ninguna razón mas valida que la complicidad lograda, el lenguaje no verbal, la intención del juego que nos ponía a un mismo nivel generacional, rompiendo barreras y mitos así como estructuras y convenciones. Así era mi abuelo, una montaña verde, una gota de rocío, un cuadrito de chocolate con pasas. Ahí nos contamos el ultimo cuento de nuestra vida, hace diez y ocho años y tres meses exactamente, justo la tarde previa al baúl.

Volviendo a la abuela.
Luego de muchísimo rato , cuando aun las balas retumbaban haciendo eco en nuestros corazones, la abuela me soltó, tomó mi mano y amorosa me llevo a casa de la vecina, al cuidado de Isabel su hija. Con ellas estuve posiblemente 2 semanas durante el día. Al llegar la noche aparecía la abuela pálida y cada vez mas delgada, sin explicarme su ausencia y el porque no eran sus cuidados los que enternecían mis días como siempre.

Al fin volvió todo a la normalidad, y luego de meses de preguntas sin respuestas por el paradero de mi abuelo, entendí que ya no llegaría, que esa noche nefasta nos lo había robado sin considerar que aun lo necesitábamos.
Al cumplir 18 años y graduarme en el colegio, postulé a un universidad en otra ciudad, mis ansias de volar y conocer algo mas que esta pueblo, pudieron mas que el sentido de pertenencia gestado junto a Sara, ella muy envejecida, se veía mas anciana para su edad, nunca mas vi el brillo en sus ojos, ni sentí sus fuertes regaños, porque salía mucho, siempre haciendo tramites según decía, fue a partir de entonces que aprendí a estar sin ella.
Cada verano al regresar a casa para las vacaciones , la encontraba mas apagada, como una vela blanca se consumía en una tristeza inconmensurable. Por ese tiempo en mis registros ya tenia incorporado el impactante episodio de esa noche de Diciembre en 1973, los militares hicieron su entrada marcial en nuestra casa, avisados del interés político del abuelo, que no coincidía con el gobierno impuesto.
¡Se lo llevaron! A patadas, como a un perro rabioso, a él, el que reía y contaba cuentos, el que adornaba mi cabeza con jazmines blancos y luego olía mi cabello extasiado, al que llevo por treinta años el desayuno a la cama a la abuela, sin fallar jamás la presencia de una flor fresca del jardín sobre la bandeja, haciendo gala de un amor de aquellos contados y muchas veces considerados de novela. Lo llevaron no sabemos donde, ni porque, solo se que nunca regresó, y que nadie, ni la prensa, la iglesia, y el gobierno menos aun quiso ayudarnos en la búsqueda y reparación de tan terrible suceso.
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Pero esta tarde estoy feliz; por volver a casa, a puertas de obtener el titulo de profesora básica, por tener entre mis brazos a la delgada Sara y darle la noticia de un futuro nuevo que estaba lista para ofrecerle, lejos en un departamento luminoso y soleado, sin tanto trabajo y en especial juntas al fin.
Recorrí la casa en silencio, los muebles estaban intactos, cada cosa en su lugar, la cocina aun tibia por el cocimiento de los huesos para los perros, la cuchara de palo sobre la olla y su gato viejo acostado sobre el mesón impecablemente limpio. Si! nos llevaríamos al gato, el no podría soportar estar un solo día sin ella, y yo tampoco ni un día mas.
En su cuarto, el ropero de los espejos ya no guardaba caramelos, pero aun era un reflejo de pulcritud y orden sostenido en el tiempo, la maquina de cocer tenia el motor aun caliente, evidentemente; ella estuvo aquí hasta hace poco...ahí noté que el baúl no estaba, cosa curiosa que lo retirara de su habitación, puesto que le tenia un afecto especial.
Seguí mi recorrido, y subí al Ático, la abueli demoraba mucho, yo estaba entretenida a esas alturas, redescubriendo nuestras vidas nuevamente, sin la sombra de su tristeza que me dejaba atrapada en un circulo ceniciento.
Habían muchas cosas, cajas con fotos, muebles viejos entre ellos el escritorio de los relojes del abuelo, con cajoncitos pequeños repletos de piezas incomprensibles para mi, las telarañas finamente bordadas le daban a la habitación un aspecto lúgubre y bello.
El baúl verde estaba tapado por telas de cortinas quemadas por el sol, lo desnude lentamente, y abriendo la chapa sin candado, retire de su interior la ropa que guardaba amontonándola a su lado. Su tapa abierta, y su interior oscuro me pareció una invitación macabra, el corazón me latía rápido y discordante, solo se oia mi respiración, los latidos que parecían retumbar en mi boca, y los pelotazos de los niños que jugaban en la calle.
Visualicé en ese instante mi figura dentro pensando que en esos años cabía en su interior perfectamente, y envuelta en un estremecimiento, dejé de pensar y me introduje lentamente hasta calzar casi justa aunque muy estrecha, mi pierna no entraba, y forcejando por unos momentos logre acomodarla dentro, a la vez que se tambaleaba el pesado baúl, con afanado intento, en ese momento la tapa cayo sobre mi cerrando la chapa que calzaba medio a medio aun sin proponérselo. Asustada, me dije en voz alta tranquilizándome, que nada me podía pasar, por experiencia sabia que era el lugar mas seguro de la casa.
Intente levantarla, con el hombro, con la cadera, pero estaba muy apretada y fatigada deje de intentarlo a la espera de la llegada de mi abuela, ella volvería como siempre a casa con su bolsa de pan caliente, peleando con su gato arremolinado sobre el mezón y abriendo ventanas, me escucharía llamarla y me sacaría como antaño del sarcófago.

Una sirena enloquecía por las calles, dentro de la ambulancia estaba doña Sara, con un infarto fulminante que acababa con sus días de pesar, fue ingresada en urgencias del hospital mas cercano a su domicilio, y se mantuvo sin recibir atención médica por dos interminables horas sobre una camilla de pasillo. Cuando alguien reparó su presencia ella ya no estaba ahí, solo se encontraba la palidez de la muerte, y su bello rostro fue tapado con una sucia manta sin detenerse siquiera a una bendición final.

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En este estado sin tiempo, al fin juntos, somos una familia otra vez, la luz es el tu y el yo, y nuestras risas y cuentos son el vuelo de mariposas pequeñas desplegando dichosas su color.
Sentires y pesares, minutos, horas, años, pensamientos geniales, tortuosas culpas propias y ajenas, son una fiesta en la luz, solo alcanzable al desprenderse de la materia.
Así es que no sufras mas “ recuerdo de mi abueli” ya no busques los huesos esparcidos, carcomidos por los peces del mar, en ellos queda tan solo el registro de una vida temporal y por tanto perecedera que sirve de alimento al que busca día y noche, sin encontrar calma porque solo encuentra mas y mas tramites. Y olvidas a tus hijos y tus nietos, las flores y los anhelos, negándote a la placentera convicción de que el día llegará en que serás parte del todo hecho luz.

Entretanto ....mira! las mariposas inocentes vuelan a tu alrededor.

Saturday, February 18, 2006

Perfumado silencio





Un silencio delicioso envolvia su rostro; los gestos, las miradas, los suspiros, y los colores gozaban de plácido sueño, cada uno de ellos la acompañaron delatando sentimientos, pensamientos y emociones en cada instante reaccionando al mundo cada vez, con una amplia sonrisa que acariciadora regalaba.

Ahora sus labios aun hinchados y teñidos con el natural rubor del torrente sanguineo, no latían, la palides, y el sociego me contemplaban /sin besos.

Ojos de mirada dulce, del color del tiempo, tiempo de lagrimas maduras, que recuerdo enternecida y anhelante de su brillo y profundo pozo cristalino.
Ojos que no miran, porque el alma vuela lejos, conteniendo el universo en su orbita eterna, alma/cumbre elevada, viento fuerte/huracan desatado/ tazón de leche tibia, espectaculo de estrellas blancas.

Tersas manos de infinito poder / sinceras caricias regalaron y ahora yacen cual flor cortada; entrelezadasy palidas sosteniendo mis sueños y los suyos/en un capullo/tulipanes de largo tallo duermen.

Y me entrego a la desdicha entonces cada piedra del camino crece, y la meta perece en un sin sentido, apretando mi pecho un peso coloso de duelo y abandono.

Mas , el perfume persiste y mi nariz se esponja, esta en mi cama en la almohada desnuda, entre los platos, junto al cilantro y las uvas maduras, y en cada nido de aladas golondrinas, se siente cada vez que a la ventana me asomo y en lo alto una nube enfrenta al sol...y aspiro su aroma hondo/profundo y me besa/y toma mis manos/y me mira igual que antes, con sus ojos de tiempo y su alma de intensa frescura.

Epitafio





El anciano torció lentamente la llave hasta que la cerradura cedió, y abrió la puerta, un poco... solo para que su delgado cuerpo se deslizara sigilosamente hacia el interior de la habitación.
En la cocina su esposa entregada amorosamente a los últimos toques de decoración en los platos. “Los niños” ya sentados en el comedor, reían, bebiendo y contando anécdotas. Este domingo no es distinto a otros, la familia reunida y cada uno mostrando su mejor cara. Roberto y Julia, asistían sin faltar jamás junto a sus nuevas familias a este encuentro.

Los esmeros culinarios de la madre tenían frutos, puesto que los hijos no escatimaban alabanzas a su sazón, así pasaban de expresiones y gestos a suspiros y risas, hasta el postre y el bajativo, el café, y el cigarrillo, mas tarde; los silencios imperantes porque ya se habían puesto al día respecto a la salud, los niños, el trabajo, las vacaciones y los deseos surgían, de partir hacia sus casas y hacia la siesta dominical.

Luego del almuerzo, don Fernando, silencioso volvía al misterio de su habitación y se encerraba; nuevamente el cerrojo giraba, su mente en blanco volvía a llenarse de color, de medidas y formulas, sus ojos brillaban, alcanzaban un fulgor tal que parecían los de un muchacho frente a una bicicleta nueva con veintisiete cambios.
La señora, entretanto en la cocina escuchaba en la radio “Portales”, los chismes de la farándula,- que la tal se enojo con quien- que él quien se casa con la famosa cual- que ese que parecía tan macho era gay- que la moda este año será...- mientras la doña lavaba los platos tarareaba las canciones de moda, sin pensar en las cuestiones del mundo, lejanas para ella, la pobreza, la economía, la política y la filosofía, los acuerdos, las rencillas, los misterios y los ritos, eran todos temas para los otros mas preparados que ella.

Por su profesión don Fernando junto a su familia había recorrido el mundo entero. Así de país en país Fernando Goitia vivió innumerables experiencias de diversos tipos, desde desafíos con gran responsabilidad que requirieron de extraordinarios esfuerzos, hasta amantes de variados colores y culturas a las cuales se entregó solo en la medida del tiempo de estadía y el proyecto a ejecutar, sin arraigos de ninguna especie.
La tecnología avanzaba demasiado rápido y era necesario su total concentración en la ingeniería y el enfoque práctico de ella ... su verdadero amor.
Luego de jubilar... sus contactos con el mundo se limitaron al almuerzo de los domingos y a una salida semanal a comprar, lo cual hacia muy temprano y corriendo ansioso, no hablaba ni miraba a nadie, una vez obtenidos los materiales volvía raudo al encierro luminoso de su mente.
Nadie notaba su ausencia, y normalmente desaparecía tras la puerta por una semana. Era considerado normal que el viejo estuviera en lo suyo, entretenido, asi no molestaba los quehaceres de los demás miembros de la familia.

Hoy tras horas de encierro; obsesionado por lograr algún día terminar el gran proyecto, estaba a punto.
Su mente en blanco, dispuesta tan solo para los números, medidas, proporciones y escalas; le acercaban al final.

Luego de forzar los cerrojos en su estudio fue encontrado un domingo a las 15.30 hrs, cuando no acudió al llamado de su mujer ante el tradicional almuerzo familiar, con el rostro plácido y un control remoto muy sofisticado en su mano derecha.
El vapor de la habitación se agolpaba en el techo creando una nube espesa , y el tren miniatura, funcionando aun con luces, estaciones, personas, animales y plantas, todo perfecto al fin... menos su corazón que dejó de latir.

Epitafio:
Aquí yace, nuestro amado padre, esposo y abuelo; hombre recto de pocas palabras y austero en emociones, aún así; sus silencios llenos de amor y abnegación a su familia, nos llenaron de júbilo y regocijo. Buen viaje Don Fernando. 1932-2004

El Falo

Les contaré desde aqui:

-cuando lo vi, me dije: "my God"- es el mas largo,grueso y negro que en mi vida jamas imaginara, por momentos me senti paralizada, muda, solo atiné a acercarme de a pocos; una mística nos envolvia, sabia que este día cambiaria el resto de los días de mi vida.
Luego de unos instantes atemporales, me percaté que tenia dueño , que tras el se erguía un varón, tan rígido como El, el cual lo cuidaba y protegia como a un niño, un poderoso niño.
Al verme y notar mi timidez, una mueca se deslizó por su rostro era algo asi como una invitación, pensé que decía sin decir...¡TÓCALO! te lo permito.
Ufa, cedí ante el embrujo y me acerqué mas, hasta tenerlo frente a mi y pensaba-"es muy grande y yo muy pequeña"- entonces, dedique varios minutos a analizar la mejor manera de subirme a El.
Era verano, primeros días de Enero creo, y había sacado del closet al fin las chalitas de colores, las faldas cortas y las poleritas; usaba el pelo suelto, segura que la brisa marina me haría lucir bien en esa mañana.
Puse una mano sobre El, y mirando de reojo a su dueño, me dije -si la mueca cambia, me retiro- ¡pero no! le gustó parece, porque de la mueca , pasó a una socarrona sonrisa. Al posar mi mano sobre su lomo, sentí su contundente dureza...WOW me emocioné; tanto poder concentrado, ¡ no lo podía creer! asi es que decidí que subiría a El a pesar del bochorno de abrir las piernas para montarlo. Bueno en verano las mujeres nos permitimos mas libertades, mas licencias, después de todo, el calor, el sol, la conquista y esas cosas son nuestras motivaciones principales. Además el me lo permitía...¡yes!-¡si!- ¡ahhhh!-Ayyy!
Me subí; he iba a cabalgar, entonces comprobé que además de duro, largo, gordo y negro...era MUY FRIO, uf que decepción, el hombre vio mi cara de desconsolada, cuando entre mis muslos desnudos se extendía eréctil su juguete.
Frío y aceitado brillaba, orgulloso era como un gran ego, como la cabeza de un gran ingeniero, con medidas exactas y perfectas; su finalidad establecida comprobaba lo comprobable, ahí yacía siempre digno.
Objetivamente IMPRESIONANTE
subjetivamente INDESEABLE

Entonces el hombre cambió su posición rígida y estiró sus brazos hacia mí ayudándome a bajar de El, - gracias dije- quemaba el trozo frío, sin corazón que es "su orgullo".
Con una mirada triste me dijo:
Buenas tardes señorita, disculpe, pero no esta permitido a los visitantes subirse al CAÑON MAYOR de este museo naval, este es especial y a mi me toca cuidarlo.